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Conversando con Valeria Martínez

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    ILCE
  • hace 3 días
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: hace 2 días

Conversando con Valeria Martínez: formadora en coaching y vocación docente

Coach ontológica, formadora y acompañante de procesos vocacionales



¿Quién es Valeria Martínez?

Soy una mujer común: madre, esposa y profesional que trabaja, como muchas otras. Descubrí mi verdadera vocación de grande y no reniego para nada del camino recorrido; todo lo contrario. Siento que cada paso que di fue experiencia que me trajo hasta quien soy hoy.


¿Con qué descripción te identificás al momento de hablar de vos?

Me identifico como coach ontológica profesional y vocacional, formadora y acompañante de procesos vocacionales en adultos.


Ser formadora en coaching: vocación y compromiso

¿Qué significa para vos ser formadora?

Hoy, ser formadora lo es casi todo para mí. Me parece una tarea maravillosa, en la que co-construyo cada clase con ese otro que está enfrente, transitando su propio proceso de convertirse en coach.

Me emocionan sus pasos, ver sus crecimientos transformadores, acompañarlos mientras comienzan este camino. Es muy movilizante ver cómo algo se va despertando en cada persona.


¿Cómo describirías tu estilo como docente o formadora?

Creo que tengo un estilo bastante flexible, justo y amoroso, aunque a veces pueda parecer que no. Sí reconozco que soy exigente, sobre todo con los alumnos que están transitando la última etapa de la carrera.

Esa exigencia tiene que ver con la enorme responsabilidad que implica acompañar a futuros profesionales que van a trabajar con personas, con procesos de transformación, con dolores, con objetivos, con juicios y creencias a desafiar. Eso me genera una profunda responsabilidad y mucho cariño por esta profesión, que es maravillosa, y por los logros que luego alcanzan nuestros alumnos y sus futuros clientes.


Vínculo con ILCE

¿Hace cuánto tiempo estás en ILCE y cómo llegaste al instituto?

Estoy en ILCE desde hace casi dos años. Llegué de la mano de una colega y amiga que me convocó. Empecé como staff de ella, con la intención clara desde el inicio de convertirme en formadora.

Luego de acompañarla a ella y a Diego Lerner como staff, pasé al rol de formadora. Hoy tengo varias formaciones en curso: primer y tercer cuatrimestre, y también la especialización en Coaching Vocacional.


¿Qué te aportó ILCE a nivel profesional y personal?

ILCE me aportó muchísimo crecimiento. Recuerdo una frase de Maxi, ex coordinador académico, que me dijo: “Se te nota mucho en la cara”. Al principio era más rígida; si bien ya tenía experiencia dando clases en modalidad virtual, trabajamos mucho mi forma de estar siendo formadora.

Logré flexibilizarme, adaptarme a cada etapa de los alumnos, sin dejar de ser yo. También valoro mucho la formación continua en distintas áreas del coaching, porque mejora mi calidad como docente. Desde hace un tiempo me defino como “una eterna estudiante”: cuanto más estudiamos, más nos damos cuenta de todo lo que aún no sabemos.

A nivel personal también significa mucho. Lo profesional y lo personal están profundamente ligados, porque los conocimientos que transmitimos son muy profundos. Eso me empuja a buscar mi mejor versión, a ser coherente: lo que soy en un ámbito, lo soy en el otro.


Aprendizajes y experiencia


En ILCE, la formación en Coaching Ontológico propone un recorrido profundo de transformación personal y profesional, acompañando a quienes eligen formarse como coaches desde una mirada integral y humana.

¿Qué aprendizajes te llevaste acompañando a tantos estudiantes?

Aprendí, fundamentalmente, que cada proceso tiene su propio tiempo y que no se puede forzar. Hay alumnos que abandonan y está bien: quizás no es su momento. Otros, en cambio, se aferran a cada clase con una enorme apertura y deseo de transformar su vida.

Me llevo grabadas muchísimas caras, recuerdos y mensajes de amor y agradecimiento. Amo especialmente ver a personas adultas, de mediana edad, comenzar la carrera con cierta apatía y observar los cambios que van realizando a lo largo del proceso.

Hay lágrimas, caras de asombro, silencios prolongados… todo eso marca transformaciones profundas. Confieso que muchas veces me emociono y hasta se me escapa alguna lágrima. También veo reflejado mi propio recorrido y cómo estas distinciones impactaron en mi vida desde las primeras clases.


¿Hay alguna transformación de un alumno que te haya marcado?

Hay muchas. Podría contar muchísimos casos. Recuerdo una alumna que, a mitad del tercer cuatrimestre, quería abandonar. Lloró en clase porque no se creía capaz. Hablamos, insistimos, la acompañamos incluso fuera del espacio formal de las clases, y decidió continuar.

Un poco antes de terminar el cuatrimestre hizo una práctica y le pregunté qué había pasado con aquella persona que se creía incapaz, porque era completamente otra. Certificó poco tiempo después y hoy trabaja como coach, incluso desarrollándose en el ámbito de las formaciones.

También recuerdo un alumno del primer cuatrimestre, muy participativo al comienzo, que luego fue hablando menos, pero siempre cerraba diciendo lo increíble que le resultaba todo lo que estaba descubriendo. Incluso amigos le comentaban que lo notaban distinto. Ese cambio trascendía el aula y se reflejaba en su vida. Esas historias me llenan de amor y de orgullo por saber que estoy en el lugar correcto.


Inspiración y marcos teóricos

¿Qué libro, autor o idea marcó tu forma de enseñar?

Sin dudas, Ontología del lenguaje, que no solo leí como estudiante sino que sigo releyendo como formadora. Es un libro complejo, especialmente sin conocimientos previos, pero brinda una base filosófica fundamental para esta profesión.

Más allá de eso, no hay un solo autor. Me marcaron mucho algunos cursos y una diplomatura en neurociencias, que me permitieron comprender desde lo científico una corriente profundamente filosófica. Eso me dio herramientas para explicar, de manera simple y cotidiana, muchas cosas que nos suceden.

Entre los autores, puedo nombrar a Daniel Kahneman y su libro Pensar rápido, pensar despacio, Estanislao Bachrach y Mariana Rojas Estapé, entre otros.


¿Qué es lo que más te inspira del coaching?

Me inspira entender que todo depende de nosotros, que estar en un lugar u otro es una elección, y que siempre podemos modificarla. Me inspira desafiar juicios y creencias que traemos desde chicos sin cuestionarlas, aprender a gestionar emociones y abrir un mundo de posibilidades.

Soy una enamorada del coaching porque verdaderamente transforma la manera de vivir.


La formación en Coaching Ontológico de ILCE es 100% online y combina clases en vivo, acompañamiento docente y un enfoque orientado a la transformación personal.

Mirada actual del coaching

¿Qué desafíos encontrás en formar en la virtualidad?

El mayor desafío es mantener la atención y la presencia. Las cámaras apagadas muchas veces no ayudan, porque no sabemos si la otra persona está realmente ahí. Yo suelo acordar esto con los alumnos desde el inicio del ciclo y espero ese compromiso.

Más que desafíos, encontré muchas oportunidades en la virtualidad: conectar con alumnos de Venezuela, Colombia, Miami, España y distintas provincias de Argentina. Conocer otras culturas, formas de vida y hasta diferencias en el lenguaje enriquece muchísimo y acorta distancias.


¿Qué competencias del coaching considerás más esenciales hoy?

Sin dudas, la confianza. Sin confianza no hay apertura y, sin apertura, se cierran muchas posibilidades. La confianza es ese salto al vacío sabiendo que el coach va a estar ahí para sostenerte.

La escucha va de la mano, porque es lo que nos mantiene presentes con el otro, respetando su singularidad. Las competencias no funcionan de manera aislada; se entrelazan, se conectan, y ese entramado es lo que vuelve tan desafiante y profundo el ejercicio del coaching.


Cierre vocacional

Si tuvieras que resumir tu vocación docente en una frase, ¿cuál sería?

Mi vocación docente es mi pasión: me permite acompañar a otros en su crecimiento, descubrir sus valores y despertar su potencial. Es un camino que marca un comienzo y no tiene límites. Crecer depende de cuánto uno esté dispuesto a hacerlo, y poder estar en esos primeros pasos de transformación es maravilloso.

Ojalá el mundo tuviera más coaches; sería un lugar más empático y respetuoso.


¿Qué conceptos de todo lo transitado en ILCE aplicás hoy en tu vida cotidiana?

Todos. Ser coach cambia la mirada; el mundo ya no vuelve a ser el mismo. Un concepto al que intento honrar cada día es el de coherencia: escucharme, respetarme y abrir conversaciones que me posibiliten nuevas formas de crecimiento y aprendizaje continuo.


¿Hay algo que te gustaría compartir y no te hayamos preguntado?

Siento que hoy me desnudé un poquito, y me encantó poder observar mi camino como formadora. Ratifico que en cada espacio en el que estoy me siento plena y agradecida por poder acompañar a las personas en sus procesos de transformación.

A muchos alumnos no los volví a ver, con otros sigo en contacto. Y cada vez que me siento frente a la computadora para iniciar una clase, agradezco esta posibilidad de ser quien soy en este espacio.


También agradezco profundamente a ILCE por la confianza, la apertura, la escucha y el respeto permanente. Siento que somos una verdadera comunidad e invito a quienes aún no se animaron a dar ese paso: es un camino maravilloso.

Gracias.

1 comentario

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Carolina Parodi
hace un día
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Hermosa nota Valeria, un placer conocerte más y sentir que tenemos tanto en común.

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