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Conversando con Guada Romero: educar para transformar personas

En ILCE creemos que detrás de cada docente hay una historia, una vocación y una forma única de acompañar el aprendizaje. Enseñar no es solamente compartir conocimientos: también es inspirar, escuchar, hacer preguntas y generar espacios donde las personas puedan descubrir nuevas posibilidades.


En esta nueva entrevista conversamos con Guada Romero, coach ontológica profesional, docente y formadora de ILCE. A lo largo de la charla nos comparte su recorrido, su filosofía de trabajo y una mirada profundamente humana sobre la educación, el coaching y la transformación personal.


Personas participando en una dinámica de coaching ontológico en un entorno de aprendizaje colaborativo, representando el desarrollo personal, la comunicación y el liderazgo consciente.

¿Quién es Guada Romero hoy, tanto en lo personal como en lo profesional?

Hoy soy una mujer en constante proceso de crecimiento, profundamente comprometida con mi propio desarrollo y con el de mis hijos.

Estoy en una etapa donde busco que exista coherencia entre lo que enseño, lo que digo y la forma en que vivo. Me considero una mujer consciente, emprendedora, perseverante, amorosa y respetuosa.

Profesionalmente soy coach ontológica, aunque mi recorrido también incluye especializaciones en comportamiento humano, neurociencias, patologías, escultismo y programas en valores. Más que definirme por un título, hoy me reconozco como una agente de cambio.

Hace muchos años acompaño procesos de aprendizaje tanto desde el coaching como desde la educación no formal dentro del movimiento scout. Me apasiona generar espacios donde las personas puedan mirarse, cuestionarse y descubrir nuevas posibilidades para sus vidas.

Actualmente acompaño a adultos que se están formando para acompañar a otros. Lo vivo con una enorme responsabilidad, porque cada persona que atraviesa un proceso formativo luego impacta positivamente en muchas más.


2. ¿Cómo te describirías en pocas palabras?

No es sencillo resumirme en pocas palabras porque siento que integro muchos mundos al mismo tiempo.

Si tuviera que hacerlo, diría que soy una persona transformadora. No me interesa solamente transmitir contenidos; busco generar conciencia y acompañar procesos de cambio.

Me caracteriza una mirada profundamente humana y vincular. Observo, escucho y procuro crear espacios donde las personas se sientan vistas, cuidadas y valoradas.

También soy muy intencional en todo lo que hago. Detrás de cada propuesta existe un propósito: sembrar algo en el otro, dejar una huella y generar reflexión.

Convivo con una alta autoexigencia que muchas veces me impulsa a buscar calidad y coherencia, aunque también me enfrenta al desafío de aceptar que siempre hay oportunidades para seguir creciendo.

Si tuviera que definirme con algunas palabras elegiría: sensible, curiosa, intensa, comprometida, reflexiva, cuidadora, exigente y transformadora.


3. ¿Qué significa para vos ser docente?

Para mí ser docente no es transmitir información; es acompañar procesos.

Es crear un espacio donde alguien pueda aprender algo nuevo, pero también cuestionar aquello que creía saber sobre sí mismo. Ser docente implica sostener preguntas, abrir perspectivas y confiar en que cada persona posee recursos para crecer.

También representa una enorme responsabilidad, porque un docente enseña tanto desde los contenidos como desde su manera de estar en el mundo.


4. ¿Qué es lo que más disfrutás de tu rol como formadora?

Lo que más disfruto es ese momento en el que algo hace "click" en una persona.

Cuando alguien descubre una nueva forma de mirarse o comprende algo profundo sobre sí mismo, ocurre una transformación muy valiosa.

También disfruto enormemente la construcción colectiva del aprendizaje. Cuando el aula se convierte en un espacio de diálogo, reflexión y humanidad compartida, suceden experiencias realmente significativas.


5. ¿Cómo describirías tu forma de enseñar?

Mi forma de enseñar es muy conversacional y reflexiva.

Trabajo mucho a partir de preguntas, experiencias y situaciones cotidianas. Busco que los contenidos no permanezcan solamente en el plano teórico, sino que cada persona pueda llevarlos a su propia vida.

Además, procuro generar un clima de confianza donde todos puedan pensar distinto, equivocarse y explorar nuevas miradas con libertad.


6. ¿Hace cuánto estás en ILCE y cómo fue tu llegada al instituto?

Mi vínculo con ILCE comenzó durante la pandemia, cuando ingresé como estudiante de la Especialización en Coaching Educativo.

En ese momento estaba cursando una formación similar en otra institución, pero encontré en ILCE —de la mano de Diego Lerner— una mirada mucho más alineada con mi manera de entender el aprendizaje.

Fue un encuentro muy natural. Compartimos la convicción de que la educación no solo transmite herramientas, sino que también invita a la transformación personal.

Desde el primer momento sentí que era un espacio donde podía aportar mi experiencia y, al mismo tiempo, seguir aprendiendo.


7. ¿Qué es lo que más valorás de ser parte de ILCE?

Valoro profundamente el acompañamiento humano que caracteriza a ILCE.

Aquí no solo se enseñan modelos o técnicas; se forman profesionales comprometidos con acompañar a otros desde la conciencia, la responsabilidad y la ética.

También valoro el intercambio permanente entre docentes y estudiantes. Siempre hay algo nuevo para aprender.


8. ¿Qué es lo que más te sorprende o emociona al acompañar estudiantes?

Me emociona la valentía de quienes se animan a mirarse.

Formarse en coaching o en desarrollo personal implica mucho más que incorporar herramientas. Muchas veces significa revisar creencias, cuestionar historias y abrirse a nuevas posibilidades.

Ser testigo de esos procesos de crecimiento sigue conmoviendo mi trabajo cada día.


9. ¿Hay algún momento o experiencia con alumnos que te haya marcado especialmente?

Son muchos.

Me conmueve especialmente cuando el aula deja de ser simplemente un espacio de aprendizaje para convertirse en un verdadero equipo de acompañamiento, escucha y sostén.

También me han marcado profundamente los gestos de agradecimiento de los estudiantes: mensajes, regalos o flores que llegan como reconocimiento al camino compartido.

Pero quizás los momentos más poderosos son aquellos en los que un estudiante descubre algo profundo sobre sí mismo y decide compartirlo con el grupo. Allí se genera una atmósfera de confianza donde todos aprenden de todos.


10. ¿Qué sentís que aprendés vos de tus estudiantes?

Aprendo muchísimo.

Cada grupo trae historias, experiencias y formas de pensar diferentes que enriquecen mi propia mirada.

Muchas veces sus preguntas me invitan a revisar ideas que creía completamente resueltas.

También aprendo sobre resiliencia, búsqueda y capacidad de reinventarse.

Los estudiantes me recuerdan constantemente que aprender es un camino que nunca termina.


11. ¿Qué habilidades o aprendizajes creés que son clave hoy para quienes se están formando?

Creo que hoy resulta fundamental desarrollar conciencia emocional, capacidad de escucha y pensamiento crítico.

Vivimos rodeados de información, pero no siempre contamos con espacios para reflexionar sobre lo que nos sucede.

Aprender a conversar mejor, gestionar nuestras emociones y ampliar nuestra mirada son habilidades esenciales para este tiempo.


12. ¿Qué desafíos ves hoy en la educación o en los procesos de aprendizaje?

Uno de los grandes desafíos consiste en volver a poner a la persona en el centro del aprendizaje.

Muchas veces la educación queda enfocada únicamente en transmitir contenidos y deja poco espacio para el desarrollo humano.

También necesitamos enseñar a pensar, cuestionar y dialogar en un mundo cada vez más acelerado y lleno de estímulos.

Creo que hacen falta espacios educativos que inviten a la reflexión, al autoconocimiento y a una mirada más natural y sistémica del aprendizaje.


13. ¿Qué creés que hace a un buen docente hoy?

No me gusta dividir entre buenos y malos docentes.

Creo que cada persona enseña desde sus capacidades, experiencias y recursos, y que algunos estilos resultan más adecuados para determinados contextos.

Lo que considero indispensable es que un docente mantenga vivo su rol de aprendiz, continúe revisando sus propias ideas y siga creciendo.

Más allá del conocimiento técnico, un docente necesita saber acompañar procesos humanos con empatía, escucha y presencia.


14. Si tuvieras que definir tu vocación en una frase, ¿cuál sería?

Hay una frase que, aunque no es mía, representa profundamente mi filosofía de vida:

"Dejar el mundo mejor de como lo encontré, sembrando conciencia."


15. ¿Qué aprendizajes de tu camino como docente hoy forman parte de tu vida cotidiana?

Aprendí que las conversaciones tienen un enorme poder.

Muchas veces una pregunta, una escucha genuina o una mirada diferente pueden abrir caminos que parecían cerrados.

También comprendí que enseñar implica vivir —aunque sea imperfectamente— aquello que invitamos a otros a explorar y transformar.


16. Para cerrar la entrevista, ¿con qué mensaje te gustaría quedarte y compartir?

Me gustaría compartir la idea de que aprender no consiste únicamente en incorporar conocimientos, sino también en transformarnos.

Cada proceso de aprendizaje representa una oportunidad para conocernos mejor, ampliar nuestra mirada y construir vínculos más conscientes.

Cuando la educación se convierte en un verdadero espacio de encuentro humano, puede cambiar vidas. Y no hablo solamente de las instituciones educativas, sino de la educación que cada persona construye junto a otros a lo largo de su vida.


17. ¿Dónde podemos encontrarte?

Podés seguir a Guada Romero en Instagram:

Allí comparte reflexiones, herramientas y propuestas vinculadas al desarrollo personal, la educación consciente y el coaching.

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