top of page

Alto rendimiento: la mente como el verdadero campo de entrenamiento

En cada logro hay dos caras inseparables: el brillo y el esfuerzo, la recompensa y la renuncia. Querer solo lo luminoso es negar la mitad del proceso. El alto rendimiento empieza cuando aceptamos la moneda entera, entendiendo que miedo, presión y exigencia forman parte del mismo camino.

Pelota de fútbol sobre el césped, símbolo del esfuerzo y la dualidad del alto rendimiento.

Negar el miedo es como negar la realidad. Pretender actuar “sin miedo” es disociarse de lo humano. La verdadera fortaleza está en hacer igual, con el miedo al lado, sin dejar que este tome el volante. Cuanto más rechazamos una emoción, más fuerza cobra. Integrarla la vuelve manejable.


Foco y atención: lo que mirás se expande

Aceptar la moneda entera también implica aprender a dirigir la energía. Y la forma más concreta de hacerlo es entrenando la atención: hacia dónde miramos, qué elegimos ver y qué dejamos fuera de foco.

“La realidad es aquello a lo que le presto atención.”


Esta frase resume una verdad esencial: el mundo no es solo lo que ocurre, sino lo que somos capaces de percibir. En el alto rendimiento, la atención no es un don, es una práctica.


El foco como músculo mental

El foco funciona como un músculo: cuanto más lo usás, más fuerte se vuelve; cuanto más lo dispersás, más se debilita. Pero entrenarlo no significa estar concentrado todo el tiempo —eso sería insostenible—, sino aprender a regularlo.


Saber cuándo concentrarte y cuándo soltar. Cuándo mirar un punto y cuándo abrir el plano.

  • Foco cerrado: se activa cuando necesitamos precisión. La mirada se contrae levemente, los ojos convergen y el cerebro libera neuromoduladores como la adrenalina y la acetilcolina, que mejoran la concentración y el tiempo de reacción.

  • Foco abierto o visión periférica: amplía el campo de información y relaja la tensión del sistema nervioso. Es la capacidad de ver más sin moverse, captar señales del entorno y anticipar movimientos.


En los deportistas de élite, entrenar la visión periférica marca diferencias mínimas pero decisivas: ver antes, decidir antes, actuar mejor. En la vida cotidiana, esta habilidad se traduce en pensar con amplitud, no quedar atrapados en un único punto de vista.

Entrenamiento mental y físico: mujer concentrada en su rendimiento y gestión del foco.

La mirada dirige la mente

Donde mirás, tu mente se ordena.

Si mirás hacia abajo, el cerebro asocia esa posición con introspección o abatimiento; si levantás la mirada al horizonte, el sistema límbico responde con apertura y mayor disponibilidad emocional.

Mirar hacia un punto concreto por unos segundos puede devolverte al presente.

Por eso, entrenar la mirada no es solo una metáfora: es una herramienta real para recuperar foco en medio del ruido.

Un ejercicio simple y poderoso:

  1. Elegí un punto frente a vos.

  2. Miralo durante 10 segundos y describí mentalmente dos detalles (forma, color, textura).

  3. Luego abrí la mirada sin mover la cabeza y notá qué más aparece en los bordes de tu visión.

Ese pequeño cambio —del foco al campo, del punto al contexto— enseña al cerebro a moverse entre precisión y amplitud, entre la tarea y la perspectiva.


Foco y emoción: una misma ruta

La mirada y la emoción viajan juntas. Cuando la atención se dispersa, la emoción toma el mando; cuando el foco se estabiliza, la emoción se regula. Por eso los entrenadores mentales dicen: “volvé a mirar”.

Porque mirar conscientemente es una forma de volver a uno mismo.

Saber moverse entre ambas —concentración y apertura— es lo que permite decidir mejor. En el deporte, es lo que diferencia a quien reacciona de quien lee el juego. En la vida, a quien se ahoga en un problema de quien ve alternativas.


El arte de frenar

En neurociencia, se llama control inhibitorio: la capacidad de detener una acción automática.

En la práctica, es la distancia entre el impulso y la decisión. Frenar no es debilidad: es inteligencia.

Esa pausa mínima —entre el estímulo y la respuesta— define la calidad de nuestras decisiones. En la cancha, en el trabajo o en una conversación difícil, el que puede frenar, elige mejor.


La pausa no solo ocurre en la mente. También vive en el cuerpo: en la respiración, en la

postura, en la manera en que elegimos sostenernos frente a la presión.


El cuerpo, el mejor aliado de la mente

Durante años se pensó que la mente dirigía al cuerpo. Hoy sabemos que el vínculo es bidireccional: el cuerpo también entrena a la mente.

  • Una postura erguida activa recuerdos más positivos y mejora la confianza.

  • La respiración nasal y voluntaria enciende el sistema atencional y apaga la ansiedad.

  • Mirar hacia arriba, literalmente, cambia la química del cerebro.

El cuerpo no miente: es el acceso más directo a la regulación emocional. Cada inhalación consciente es una oportunidad de volver al presente.


El descanso como estrategia invisible

El sueño es el “box” donde el cerebro repara, consolida aprendizajes y prepara el terreno para el día siguiente.

Cuidar la calidad del descanso —luz, horarios, comidas livianas— no es un lujo, sino una estrategia de rendimiento. Lo que no se repara, se repite.


Neuroplasticidad: cambiar cuesta, pero cambia

El cerebro puede modificarse, pero no con deseos: con foco, esfuerzo y repetición.

Cada nuevo hábito abre una autopista neuronal distinta, que al principio cuesta transitar. Con práctica, se asfalta. Cambiar implica pasar por la incomodidad; quedarse igual, por la resignación.

La disciplina, la constancia y la voluntad no son rasgos de carácter: son entrenamientos fisiológicos. Igual que un músculo, se fortalecen con uso. Lo inmediato rara vez dura; lo sostenido deja huella.


En definitiva, todo entrenamiento mental busca lo mismo: poder estar presentes, aun en medio de la exigencia. La mente y el cuerpo no son piezas separadas, sino un mismo sistema que aprende, se adapta y se fortalece.

Formación en coaching deportivo y entrenamiento mental orientado al alto rendimiento.

Alto rendimiento: mente, cuerpo y presencia

En el fondo, el alto rendimiento no pertenece solo al deporte. También lo vive quien enfrenta desafíos personales, lidera un equipo, sostiene una familia o emprende un proyecto.

La clave está en desarrollar una mente que:

  • Tolere la incomodidad.

  • Regule la emoción sin negarla.

  • Elija con foco y propósito.


Entrenar la mente es entrenar la vida. Y el rendimiento más alto no se mide en podios, sino en la capacidad de seguir presente aun cuando el miedo, la presión o la incertidumbre están en la misma cancha.

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
Publicar: Blog2_Post
bottom of page