top of page

El efecto espectador: por qué podemos ver que algo está mal y aun así esperar que otro actúe

5 oct
7 min de lectura

Imaginá esta situación: en una reunión, alguien detecta un problema. Todos lo ven. Nadie dice nada.

No necesariamente porque estén de acuerdo.

Tampoco porque no les importe.

Tal vez cada persona está esperando que otra haga algo.


Grupo de personas observando una situación de dificultad sin intervenir, mientras una persona permanece sola en el centro de la escena. La imagen representa el efecto espectador y reflexiona sobre cómo la presencia de otros puede reducir la iniciativa individual para actuar ante un problema.

Ese fenómeno fue estudiado por los psicólogos John Darley y Bibb Latané y se conoce como efecto espectador (bystander effect): la tendencia a que, en determinadas situaciones de emergencia o necesidad, la presencia de otras personas reduzca la probabilidad de que una persona intervenga.


La idea resulta especialmente interesante cuando dejamos de pensarla solamente como un fenómeno de ayuda ante una emergencia y la llevamos a situaciones cotidianas:

¿Qué ocurre en un equipo cuando todos ven un problema, pero nadie se siente

responsable de señalarlo?


Un experimento que comenzó con una pregunta incómoda

En 1968, John Darley y Bibb Latané publicaron un estudio titulado Bystander Intervention in Emergencies: Diffusion of Responsibility.

Su pregunta era sencilla, pero profunda:

¿Qué sucede con nuestra responsabilidad cuando creemos que hay otras personas que también pueden actuar?

Para estudiarlo, los investigadores llevaron a estudiantes universitarios a una situación en la que creían estar participando en una conversación con otros estudiantes.

Durante la experiencia, uno de los participantes aparentaba sufrir una crisis epiléptica.

La clave estaba en que los participantes creían que podían ser los únicos que estaban escuchando la emergencia o que había otras personas que también la estaban escuchando.

Cuando las personas creían que eran las únicas que podían responder, la intervención era mucho más frecuente y rápida.

Cuando creían que había otras personas presentes, la intervención disminuía.

En el estudio original, la presencia de otros observadores redujo tanto la sensación de responsabilidad personal como la velocidad con la que los participantes informaban de la emergencia.


El resultado cuestionaba una explicación intuitiva:

quizás el problema no era que las personas fueran indiferentes.

Quizás la situación social estaba modificando la manera en que interpretaban su propia responsabilidad.


Efecto espectador: Cuando la responsabilidad se reparte


Estudiá Coaching de equipos


Una de las explicaciones centrales propuestas por Darley y Latané fue la difusión de la responsabilidad.

Cuando una persona está sola frente a un problema, la pregunta puede ser:

“¿Qué voy a hacer?”

Pero cuando hay muchas personas presentes, la pregunta puede transformarse silenciosamente en:

“¿Quién debería hacer algo?”

Y esa diferencia importa.

Si todos pueden actuar, cada individuo puede sentir que su responsabilidad es menor.

No hace falta que nadie diga:

“Yo no voy a hacer nada”.

Puede alcanzar con pensar:

“Seguro alguien más va a intervenir”.

Y mientras cada persona espera que otra actúe, el grupo puede permanecer inmóvil.


Pero el fenómeno no termina ahí

Darley y Latané estudiaron también otra situación.

En otro experimento de 1968, los participantes se encontraban en una habitación en la que comenzaba a entrar humo.

Algunos estaban solos.

Otros estaban acompañados por personas que permanecían aparentemente tranquilas y no reaccionaban.

El resultado fue llamativo: quienes estaban solos informaban mucho más frecuentemente sobre el humo que quienes estaban acompañados por personas que permanecían pasivas.

¿Por qué?

Porque frente a una situación ambigua, miramos a los demás para decidir qué significa lo que estamos viendo.

Si nadie reacciona, podemos interpretar:

“Quizás no sea grave”.

“Tal vez alguien ya se ocupó”.

“Probablemente estoy exagerando”.

“Si realmente fuera importante, alguien estaría haciendo algo”.

El comportamiento de los demás se convierte, entonces, en información.

Y esa información puede ser equivocada.


El problema de mirar a los demás para saber qué hacer

Esto se relaciona con un fenómeno conocido como ignorancia pluralista.

No significa que todos ignoren algo.

Significa que las personas pueden interpretar erróneamente lo que los demás están pensando.

Imaginemos una reunión.

Alguien presenta una propuesta.

Vos pensás que hay un problema.

Mirás al resto.

Nadie dice nada.

Entonces pensás:

“Quizás solamente yo veo el problema”.

Otra persona también está incómoda.

Mira alrededor.

Como nadie habla, piensa:

“Debe ser que los demás están de acuerdo”.

Y una tercera persona hace exactamente lo mismo.


Resultado:

varias personas pueden estar pensando lo mismo mientras todas creen que son las únicas que lo piensan.

La inacción de los demás termina reforzando la propia inacción.

Esta dinámica ha sido vinculada al efecto espectador y también aparece en fenómenos grupales como la percepción equivocada de consenso.


Entonces, ¿las personas se vuelven indiferentes cuando están acompañadas?

No exactamente.

Esta es una de las simplificaciones más frecuentes del efecto espectador.

La investigación posterior muestra que la presencia de otras personas puede disminuir la intervención, pero el efecto depende de las características de la situación.

Un metaanálisis publicado en Psychological Bulletin en 2011 reunió 105 tamaños de efecto independientes y datos de más de 7.700 participantes.

Encontró un efecto global del fenómeno, pero también mostró que este se modifica según el contexto.

Por ejemplo, el efecto espectador era menor cuando la situación era percibida como peligrosa y cuando los costos de intervenir eran físicos. En determinadas circunstancias, la presencia de otras personas incluso podía facilitar la intervención porque podían convertirse en una fuente de apoyo.

Esto es importante.

No estamos frente a una regla del tipo “cuantas más personas hay, menos ayuda existe”.

Estamos frente a un fenómeno social que depende de cómo interpretamos la situación, de nuestra percepción de responsabilidad, del comportamiento de quienes nos rodean y de los costos que asociamos con intervenir.


Tres procesos que pueden frenar la intervención

Podemos resumir una parte importante de la explicación clásica en tres procesos.

1. Difusión de la responsabilidad

“Hay muchas personas. Alguien va a intervenir”.

La responsabilidad individual se diluye entre los miembros del grupo.

2. Ignorancia pluralista

“Nadie parece preocupado. Entonces probablemente no sea tan grave”.

Utilizamos la conducta de los demás para interpretar una situación ambigua.

3. Miedo a equivocarnos frente a los demás

“¿Y si intervengo y resulta que entendí mal?”

La presencia de otras personas también puede aumentar la preocupación por ser evaluados.

Darley y Latané plantearon estos procesos como mecanismos relevantes para comprender por qué las personas pueden no intervenir.


Y acá aparece una pregunta mucho más interesante para los equipos

¿Qué pasa cuando trasladamos este fenómeno de una emergencia a una organización?

No hace falta que haya humo.

No hace falta que alguien esté pidiendo ayuda.

Puede ocurrir algo mucho más cotidiano.

Un equipo sabe que un proceso no funciona.

Todos lo ven.

Pero nadie lo plantea.

Un compañero está teniendo dificultades.

Todos lo saben.

Pero nadie conversa con él.

Una decisión parece equivocada.

Hay silencio.

Un líder está tomando una dirección que genera problemas.

El equipo lo comenta en privado.

Pero nadie lo lleva a la conversación donde realmente podría producirse un cambio.

El problema no siempre es falta de compromiso.

A veces el problema es que la responsabilidad quedó distribuida entre demasiadas personas.

“Pensé que alguien más lo iba a decir”

Esta frase probablemente sea una de las expresiones más claras de este fenómeno dentro de un equipo.

“Pensé que alguien se lo iba a comentar”.

“Creí que ya lo habían hablado”.

“Supuse que otra persona se iba a ocupar”.

“Como nadie dijo nada, pensé que estaba todo bien”.

“Pensé que era responsabilidad de Recursos Humanos”.

“Pensé que lo iba a plantear el líder”.

Cada una parece una explicación individual.

Pero juntas pueden revelar un fenómeno colectivo.

Cuando la responsabilidad no está explícitamente asumida, puede terminar siendo de todos y, al mismo tiempo, de nadie.


El liderazgo también puede reforzar o reducir este fenómeno

Un equipo aprende rápidamente qué ocurre cuando alguien señala un problema.

Si cada vez que una persona plantea una dificultad recibe una respuesta defensiva, una crítica o una descalificación, el costo de intervenir aumenta.

La próxima vez será más probable que permanezca en silencio.

En cambio, si señalar un problema es entendido como una contribución al funcionamiento del equipo, la intervención se vuelve menos costosa.

Por eso, una cultura saludable no debería depender solamente de que las personas tengan iniciativa.

También necesita crear condiciones para que intervenir sea posible y esperado.

Una pregunta del líder puede cambiar mucho:

“¿Hay algo que estamos viendo y todavía nadie está diciendo?”

O:

“Si alguien de afuera observara esta situación, ¿qué problema detectaría que nosotros ya naturalizamos?”

O incluso:

“¿Qué conversación estamos evitando?”

Estas preguntas hacen visible algo que el efecto espectador ayuda a comprender:

el silencio de un grupo no necesariamente significa acuerdo.


Una enseñanza para los equipos

El efecto espectador no debería utilizarse para etiquetar a las personas como “apáticas”, “poco comprometidas” o “indiferentes”.

Esa sería justamente una interpretación demasiado sencilla.

Lo interesante del fenómeno es lo contrario:

personas que individualmente podrían estar dispuestas a actuar pueden modificar su comportamiento cuando perciben que existen otros que también podrían hacerlo.

Por eso, trabajar sobre la responsabilidad colectiva no significa solamente decir:

“Hay que comprometerse más”.

También implica diseñar conversaciones donde la responsabilidad sea explícita.

¿Quién se ocupa?

¿Quién tiene que intervenir?

¿Quién tiene que comunicarlo?

¿Qué hacemos cuando detectamos un problema?

¿Qué esperamos de un compañero que ve algo que los demás no están viendo?

¿Qué ocurre cuando nadie sabe si tiene autorización para intervenir?


Del espectador al protagonista

Quizás una de las preguntas más interesantes que deja este experimento sea:

¿Qué hacemos cuando todos estamos esperando que otro actúe?

Porque en un equipo puede existir una diferencia enorme entre estas dos posiciones:

“Alguien debería hacer algo”.

y

“Yo puedo hacer algo”.

La primera deja la responsabilidad en el grupo.

La segunda la vuelve concreta.

No significa que una persona tenga que resolver todo.

Significa reconocer que, en determinadas situaciones, dar el primer paso puede modificar el comportamiento de los demás.

Una persona pregunta.

Otra responde.

Una persona señala el problema.

Otra se anima a agregar lo que también estaba pensando.

Una persona asume una tarea.

Otra deja de esperar.

Y lo que parecía un grupo inmóvil comienza a coordinar una acción.


Una última pregunta

La próxima vez que estés en una reunión y notes que todos parecen estar de acuerdo, quizás valga la pena detenerse.

No para generar conflicto.

Sino para comprobar si realmente existe acuerdo.

Podés preguntar:

“¿Todos pensamos esto o simplemente nadie lo está cuestionando?”

Porque a veces el silencio significa acuerdo.

Pero otras veces significa que todos están esperando que alguien sea el primero en hablar.

Y quizás ese sea uno de los aprendizajes más interesantes del efecto espectador:

no siempre necesitamos más personas para resolver un problema. A veces necesitamos que una persona asuma explícitamente la responsabilidad de dar el primer paso.


Fuentes

Darley, J. M., & Latané, B. (1968). Bystander intervention in emergencies: Diffusion of responsibility. Journal of Personality and Social Psychology, 8(4), 377–383.

Latané, B., & Darley, J. M. (1968). Group inhibition of bystander intervention in emergencies. Journal of Personality and Social Psychology, 10(3), 215–221.

Fischer, P., et al. (2011). The bystander-effect: A meta-analytic review on bystander intervention in dangerous and non-dangerous emergencies. Psychological Bulletin, 137(4), 517–537.

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
Publicar: Blog2_Post

Sumate a nuestros mejores amigos 

¡Gracias por suscribirte!

bottom of page