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Priming: cómo las palabras y el contexto pueden influir en nuestra conducta

hace 6 días
8 min de lectura

¿Puede una palabra influir en nuestra conducta sin que nos demos cuenta?

¿Puede una idea que aparece brevemente en nuestro entorno modificar la manera en que actuamos unos minutos después?

Durante décadas, distintos investigadores de la psicología estudiaron una posibilidad fascinante: que determinados estímulos puedan activar conceptos en nuestra mente y facilitar determinadas respuestas, incluso cuando no tenemos intención consciente de responder de esa manera.

Esta línea de investigación se conoce como priming y uno de los investigadores más asociados con ella es el psicólogo estadounidense John A. Bargh, quien desarrolló numerosos estudios sobre procesos automáticos y no conscientes de la conducta.

Sin embargo, la historia del priming también muestra algo fundamental sobre la ciencia: un resultado llamativo no necesariamente significa que una explicación esté definitivamente comprobada.

Algunos de los experimentos más famosos fueron cuestionados posteriormente cuando otros investigadores intentaron replicarlos.

Entonces, ¿qué podemos aprender realmente de ellos?


cómo las palabras y el contexto pueden influir en nuestra conducta

¿Qué es el priming?

El término priming puede traducirse aproximadamente como activación previa.

La idea general es que un estímulo puede activar determinados conceptos o asociaciones en nuestra memoria y hacer que algunas respuestas posteriores resulten más accesibles.

Por ejemplo, si una persona acaba de leer palabras relacionadas con un determinado concepto, ese concepto puede quedar más disponible mentalmente.

Esto no significa necesariamente que el estímulo obligue a la persona a comportarse de una determinada manera.

La idea es mucho más sutil:

un estímulo previo podría influir en la probabilidad de determinadas respuestas.

El fenómeno se relaciona con investigaciones más amplias sobre memoria, percepción, atención y procesamiento automático.

Y justamente allí aparece una de las preguntas que hicieron especialmente atractiva a esta línea de investigación:

¿Cuánto de nuestra conducta está influido por procesos que no controlamos de manera consciente?


John Bargh y el estudio que sorprendió a la psicología

Uno de los trabajos más conocidos de Bargh, Chen y Burrows fue publicado en 1996.

Los investigadores estudiaron si la activación de determinados estereotipos podía influir posteriormente en la conducta.

En uno de los experimentos, los participantes debían realizar una tarea con palabras.

Algunas de esas palabras estaban relacionadas con el concepto de personas mayores.

Después de completar la tarea, los participantes abandonaban el lugar donde se había realizado el estudio.

Los investigadores midieron cuánto tiempo tardaban en recorrer determinada distancia.

El resultado informado fue llamativo: quienes habían sido expuestos a palabras relacionadas con personas mayores caminaron más lentamente que quienes habían recibido palabras de otros tipos.

La interpretación propuesta fue que la activación previa del concepto de “vejez” podía haber influido posteriormente en una conducta aparentemente no relacionada: la velocidad al caminar.

El estudio tuvo una enorme repercusión porque parecía sugerir algo muy potente:

podemos ser influenciados por información que ni siquiera identificamos conscientemente.


¿Significa esto que una palabra puede controlar nuestra conducta?

No.

Y esta distinción es fundamental.

El priming no debería entenderse como una especie de mecanismo mágico mediante el cual una palabra determina automáticamente lo que vamos a hacer.

La investigación sobre priming se refiere a posibles efectos sobre procesos cognitivos o conductuales bajo determinadas condiciones.

Además, los efectos pueden ser pequeños, variables y dependientes del contexto.

Por eso, sería incorrecto decir:

“Si alguien escucha una determinada palabra, automáticamente actuará de determinada manera”.

La evidencia no permite hacer una afirmación tan fuerte.


El problema apareció cuando otros investigadores intentaron repetir el experimento

Una de las características fundamentales de la ciencia es la posibilidad de replicar los resultados.

Si un experimento produce un efecto, otros investigadores deberían poder realizar estudios similares y encontrar resultados compatibles.

Y eso fue precisamente lo que ocurrió con algunos estudios de priming.

En 2012, Stéphane Doyen y sus colegas intentaron replicar el famoso experimento relacionado con la activación del estereotipo de vejez y la velocidad al caminar.

En su primer experimento no encontraron el efecto original.

En un segundo experimento introdujeron una variable adicional: las expectativas de los propios experimentadores.

Encontraron que el resultado aparecía en determinadas condiciones relacionadas con esas expectativas. Los autores plantearon entonces que las expectativas del experimentador podían haber contribuido al resultado observado originalmente.

Esto no significa que todo el priming sea falso.

Significa algo mucho más importante:

los resultados de algunos experimentos concretos no fueron tan sólidos o generales como inicialmente se había pensado.


El debate sobre la replicación

El caso del priming se convirtió en parte de una discusión mucho más amplia dentro de la psicología científica.

Algunos efectos que habían sido publicados y considerados importantes no siempre pudieron reproducirse de la misma manera en investigaciones posteriores.

Por ejemplo, otros investigadores intentaron replicar estudios de priming relacionados con distancia social y evaluaciones de alimentos, sin encontrar los efectos originalmente informados.

También se realizaron intentos de replicar investigaciones sobre priming de objetivos de alto rendimiento asociadas a Bargh y colaboradores. Dos estudios de replicación no encontraron el efecto informado originalmente.

Esto llevó a una pregunta fundamental:

¿Estamos frente a un fenómeno psicológico real, pero más pequeño y complejo de lo que se pensaba, o algunos resultados fueron producto de condiciones experimentales específicas?

La respuesta no es simplemente “sí” o “no”.

La investigación sobre priming continúa y existen estudios que encuentran determinados efectos bajo condiciones específicas. Por ejemplo, investigaciones posteriores han encontrado resultados compatibles con algunos tipos de priming social y cognitivo.

Por eso, actualmente resulta más prudente hablar de efectos específicos que deben evaluarse según el paradigma, el contexto y la calidad de la evidencia, en lugar de asumir que cualquier estímulo puede modificar automáticamente nuestra conducta.


Entonces, ¿qué nos enseña realmente el priming?


Estudiá coaching ontológico

Quizás una de las enseñanzas más interesantes no sea que una palabra pueda hacernos caminar más lento.

La cuestión más importante es otra:

nuestro comportamiento no ocurre en el vacío.

Lo que vemos, escuchamos, interpretamos y experimentamos forma parte del contexto en el que tomamos decisiones y actuamos.

El contexto puede influir en aquello a lo que prestamos atención.

Puede hacer que determinadas ideas sean más accesibles.

Puede modificar nuestras expectativas.

Y nuestras expectativas pueden influir en cómo interpretamos una situación.

Esto nos lleva a un terreno especialmente interesante para el liderazgo, la educación y el trabajo con equipos.


El contexto también forma parte de un equipo

Imaginemos un equipo en el que, cada vez que alguien propone algo diferente, escucha:

“Eso ya lo intentamos”.

“No va a funcionar”.

“Siempre hacemos las cosas así”.

“Mejor no compliquemos”.

Después de varias experiencias de este tipo, es posible que las personas comiencen a modificar su comportamiento.

Quizás dejen de proponer.

Quizás hablen menos.

Quizás esperen a que otros tomen las decisiones.

Quizás prefieran no equivocarse antes que experimentar.

No necesitamos afirmar que existe un efecto de priming específico para comprender algo más general:

el contexto comunicacional de un equipo influye en las posibilidades de comportamiento que las personas perciben.

Un equipo que castiga sistemáticamente el error puede generar cautela.

Un equipo que escucha las propuestas puede favorecer la participación.

Un líder que solamente reconoce resultados puede transmitir qué comportamientos considera valiosos.

Un equipo que pregunta antes de juzgar puede generar condiciones diferentes a uno en el que las respuestas aparecen antes que las preguntas.


Las palabras de un líder también construyen contexto

Pensemos en dos líderes frente al mismo error.

El primero dice:

“Otra vez cometimos el mismo error. Tenemos que dejar de equivocarnos”.

El segundo pregunta:

“¿Qué ocurrió y qué podemos aprender para que no vuelva a suceder?”

La situación objetiva puede ser la misma.

Pero la conversación cambia.

En el primer caso, el error puede quedar asociado a culpa o amenaza.

En el segundo, puede abrirse una conversación sobre aprendizaje y responsabilidad.

Esto no significa que una frase transforme automáticamente el comportamiento de un equipo.

Sería una simplificación del concepto de priming.

Lo que sí podemos afirmar es que las conversaciones repetidas forman parte del contexto en el que las personas trabajan, interpretan y toman decisiones.

Y ese contexto importa.

¿Qué pasa en un equipo cuando determinadas ideas se repiten constantemente?


Estudiá coaching de equipos

Una organización puede repetir durante años frases como:

“Acá siempre se hizo así”.

“Los problemas vienen de afuera”.

“La gente no se compromete”.

“Los nuevos no entienden cómo trabajamos”.

“Acá no se puede cambiar nada”.

Estas frases no son simplemente palabras.

También pueden funcionar como marcos desde los cuales interpretar la realidad.

Si un equipo interpreta cada dificultad como evidencia de que “nada puede cambiar”, probablemente las conversaciones futuras estén condicionadas por esa interpretación.

Por eso, en el trabajo con equipos resulta interesante observar no solamente qué resultados obtienen, sino también:

¿Qué conversaciones se repiten?

¿Qué etiquetas utilizamos?

¿Qué expectativas tenemos sobre determinadas personas?

¿Qué comportamientos reforzamos?

¿Qué posibilidades dejamos de considerar?

Priming y expectativas: una distinción importante

Aquí es importante no mezclar conceptos.

El priming es una línea específica de investigación sobre cómo determinados estímulos previos pueden influir en procesos posteriores.

Las expectativas, las creencias, el aprendizaje social y las dinámicas de grupo son fenómenos relacionados con la conducta, pero no son exactamente lo mismo.

Por eso, no sería correcto utilizar el término “priming” para explicar cualquier cambio de comportamiento producido por una conversación.

La utilidad del concepto está precisamente en permitirnos formular una pregunta más precisa:

¿Puede aquello que activamos previamente influir en lo que hacemos después?

La investigación sugiere que determinados tipos de activación pueden tener efectos, pero la magnitud, la consistencia y las condiciones de esos efectos dependen del fenómeno estudiado.

Lo más interesante del experimento: la lección sobre ciencia

El caso de Bargh tiene una segunda enseñanza que va más allá de la psicología.

Cuando un experimento produce un resultado sorprendente, es tentador convertirlo rápidamente en una gran conclusión.

“Las palabras cambian nuestra conducta”.

“Lo inconsciente controla nuestras decisiones”.

“Podemos modificar el comportamiento de alguien sin que lo sepa”.

Son frases atractivas.

Pero la ciencia exige algo más.

Hay que preguntar:

¿El resultado se replica?

¿En qué condiciones aparece?

¿Cuál es el tamaño del efecto?

¿Existen explicaciones alternativas?

¿Otros investigadores obtuvieron resultados similares?

En el caso del priming social, estas preguntas fueron especialmente importantes porque algunos efectos clásicos no se reprodujeron consistentemente.

Y esto no debilita a la ciencia.

Al contrario:

la capacidad de cuestionar, replicar y corregir resultados es una de sus mayores fortalezas.

¿Qué puede aprender un coach de equipos?

El concepto de priming puede servir como punto de partida para observar algo más amplio: qué estímulos, conversaciones y expectativas están presentes en la vida cotidiana de un equipo.

Un coach puede ayudar al equipo a preguntarse:

¿Qué palabras utilizamos cuando hablamos de nuestro trabajo?

¿Qué esperamos de determinadas personas?

¿Qué conductas reconocemos y cuáles ignoramos?

¿Qué conversaciones aparecen antes de una competencia, una reunión o una decisión importante?

¿Qué interpretaciones se activan automáticamente frente a un error?

¿Qué posibilidades damos por descartadas antes de analizarlas?

No se trata de atribuirle al priming un poder que la evidencia no demuestra.

Se trata de utilizar la investigación como una oportunidad para observar cómo el contexto puede participar en la construcción de nuestras respuestas.

Una pregunta para llevar a los equipos

Podemos terminar con una pregunta sencilla:

¿Qué estamos activando en las personas cuando hablamos con ellas?

No solamente cuando damos una orden.

También cuando damos feedback.

Cuando hacemos una pregunta.

Cuando reconocemos un logro.

Cuando señalamos un error.

Cuando presentamos una dificultad.

Cuando hablamos de una persona que no está presente.

Cada una de esas situaciones contribuye a construir el contexto en el que el equipo interpreta lo que ocurre.

Y aunque no podamos afirmar que una determinada palabra producirá automáticamente una determinada conducta, sí podemos reconocer algo más amplio:

las personas no actúan aisladas del contexto.

Por eso, trabajar sobre las conversaciones, las expectativas y las formas de relacionarnos no es un detalle secundario.

Es parte del trabajo de construir equipos capaces de aprender, adaptarse y tomar mejores decisiones.

Del experimento a la reflexión

El priming comenzó como una pregunta sobre los procesos automáticos de la mente.

Con el tiempo, algunos de sus resultados más conocidos fueron discutidos, cuestionados y sometidos nuevamente a prueba.

Y quizás allí encontremos la enseñanza más valiosa.

No se trata de creer que una palabra puede controlar nuestra conducta.

Tampoco de descartar toda la investigación sobre priming porque algunos resultados no hayan podido replicarse.

Se trata de sostener una posición más rigurosa:

nuestro comportamiento está influido por múltiples factores, algunos conscientes y otros menos accesibles a nuestra conciencia, y comprender esa influencia requiere estudiar cada fenómeno con evidencia suficiente.

Para quienes trabajan con personas, equipos, educación o liderazgo, esa mirada resulta especialmente valiosa.

Porque antes de intentar cambiar una conducta, quizás también sea necesario preguntarnos:

¿Qué contexto estamos construyendo alrededor de ella?

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